La lágrima del traductor

Al igual que la vida del traductor tiene sonrisas (de ahí el nombre del blog) cuando se está orgulloso de una solución que se ha encontrado, de una traducción completa y otras pequeñas cosas que nos hacen a veces tan felices, también están las lágrimas del traductor.

Me refiero a ese momento de frustración en el que parece que no cuadra nada: la construcción es muy rara, la palabra no viene por ningún lado, lo que encuentras no va con el contexto y otras situaciones con las que también muchos os sentiréis identificados. Lágrima de frustración y sensación de estancamiento.

Me refiero a ese momento en el que alguien te revisa la traducción, te hace cambios con los que no estás de acuerdo y no puedes hacer nada: jefe demasiado estricto, no hay posibilidad de comunicación o  es demasiado tarde y ya se ha publicado. Lágrima de impotencia y preocupación porque eso con lo que no estás de acuerdo lleva tu nombre.

Pero, sobre todo, me refiero al momento en el que traduces y sabes lo que significa, encuentras un equivalente próximo, pero no hay forma de expresar al completo lo que dice el original, algún matiz se queda fuera. Se puede alargar y explicar con nota al pie, pero seguirá sin ser lo mismo. Entonces, el 100% de lo que dice el original quedan reservados para los lectores de la lengua original y para ti, el traductor. Tenemos que aprender a ser traidores, por mucho que nos duela. Es lo que podría ser la lágrima de pena porque va a haber cosas que se pierdan tus lectores.

Por otro lado, tenemos la suerte de estar en una posición en la que nosotros no nos vamos a perder ese 100%. Tenemos el poder de saber qué es lo que le damos a los lectores de la traducción y cuáles son los secretos que guardamos la lengua original y nosotros.

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