La clave: no rendirse nunca

¡Chiquilla, siempre estás metida en todo! Es una frase que me suelen decir familiares, amigos y conocidos. Y con razón. Siempre estoy haciendo algo. A veces reconozco que me paso porque me agobio mucho al cargarme con tantas cosas que me es imposible abarcarlas todas. Sin ir más lejos, ahora mismo estoy trabajando por las tardes, en la Universidad por la mañana y también en la escuela de idiomas (a la que, por supuesto, me es imposible ir, así que me examinaré en septiembre). Lo llevo todo bastante bien, aunque hay días en los que estoy muerta. Pero no me importa porque sé que estoy aprovechando el tiempo. Tampoco me dedico exclusivamente a eso, siempre sé organizarme para tener tiempo para salir y despejarme, no todo es el martirio estudio-trabajo.

Ahora viene el verano y justo el día 29 es mi último examen y también es mi último día de trabajo. Lo lógico sería, después de tanto agobio acumulado, relajarme y descansar al menos un mesecito, pero no: necesito estar activa. En principio lo tenía todo planeado: un viajecito a Portugal en julio, tres semanas a Alemania de MEC en agosto y luego de Erasmus en septiembre. Pero, por desgracia, no me han dado la MEC (aún no sé el fallo, pero lo descubriré). Lejos de desanimarme, me he apuntado a un curso de una semana en el mes de julio de la Universidad de Málaga de inglés aplicado al turismo en Málaga, que es bastante interesante. Además, para llenar el vacío de la beca, en el mes de agosto me quiero apuntar al curso de Trágora de traducción y localización de videojuegos, que tiene una pinta excelente (y encima me ahorro 22€ por pertenecer a la AETI).

Con esto quiero decir que si os rechazan algo o no conseguís algo que esperabais ¡seguid adelante! Yo podría quedarme en mi casa llorando la beca, pero no, este curso (que tarde o temprano lo iba a hacer de todos modos) me va a dar otro empujoncito más para aprender sobre algo que me apasiona. Cada vez tengo más claro que todo esto tendrá su recompensa y que cada cosa que aprenda es muy valiosa para mí. Estar más o menos agobiada me sirve para saber organizarme y trabajar bajo presión, algo muy importante en la profesión del traductor. La ilusión y la pasión por lo que hago es lo que me da fuerzas para no rendirme.

Estudiantes de traducción: nuestra formación es ORO. Lo que absorbamos en esta etapa es lo que después aplicaremos y junto con nuestra experiencia nos convertirá en unos traductores excelentes. Cuanto más aprendamos (en cursos, seminarios, encuentros, másteres, posgrados y demás), mejores seremos. Mi sueño es encontrar una empresa que vea en mi curriculum todo lo que he estudiado y se interese por mí no por ese curriculum tan bonito, sino porque he sabido demostrarles en una prueba de traducción todo lo que he aprendido. Me encantaría trabajar en una empresa de traducción y luego dar el salto y hacerme autónoma para poder traducir en pijama, como Eugenia Arrés. Pero todo supone un esfuerzo que hay que hacer y que no me importa y la clave está en no rendirse nunca, en saber que todo llegará. 

Despido la entrada con esta imagen de ~nitzZa para todos aquellos que se sienten agobiados por hacer muchas cosas o incluso desanimados por no ver nunca el final:

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Cómo estudiar traducción sin morir arruinado

Alrededor del globo hay gente que tiene dinero y se puede permitir «tirarlo» en cursos y másteres que no les gustan y al final lo dejan o que ni siquiera van a ninguna clase. Los hay. También tenemos los que tienen dinero y lo aprovechan ampliando su formación con los cursos más caros viajando a cualquier parte del planeta sin que su bolsillo (o el de sus papis) lo note. Bien por ellos.

Como, por desgracia, no es así la situación para muchos (entre los que me incluyo), pongo aquí un pequeño decálogo con consejos para estudiar traducción «barato». Lo pongo entre comillas porque quien algo quiere, algo le cuesta (y en muchos casos no es esfuerzo, sino dinero).

1. Hacer la carrera de traducción

Este punto no es ahorrativo, es simplemente una necesidad. Aunque alguno crea que en la carrera no se aprende nada, que las asignaturas teóricas no valen de ayuda para el traductor y demás argumentos en contra de ella: no hay otra. Todos conocemos el intrusismo que hay en este mundo y lo importante que es (porque te lo van a pedir) que tengamos el título.

2. Asegurarse antes de meterse en un máster

Parece una tontería, pero no lo es. Si no investigas bien todas las posibilidades que hay, no sabrás si te has metido en el máster correcto, si para tu especialidad es imprescindible (aunque sea recomendable) hacer un máster o si hay otras opciones. Además, creo que da bastante rabia gastar una suma importante en un máster y que luego no sea lo que esperabas, o que encuentres otro máster que se adapte mejor a lo que buscabas (y como sea más barato, ya ni te cuento).

3. Cursos online

La existencia de cursos a distancia con tutorías virtuales ahorra gastos de estancia en la ciudad en la que se imparta. Esto nos facilita poder hacer cursos en cualquier punto del planeta sin tener que movernos. Mucha gente cree que un curso por internet no es lo mismo que uno presencial. Claro que no: es por internet. Pero el «papelito» es el mismo. No importa la modalidad que hayas elegido, sino lo que hayas aprendido. Tened cuidado: hay cursos muy caros. También tenéis esos cursos por internet gratuitos sin acreditación que os pueden servir para ampliar conocimientos. En este caso, procurad que la fuente sea fiable y no vayamos a aprender nada que no sea así.

4. Aprovechar las becas

Si sois becarios del ministerio, aquí tenéis algunas posibilidades que os pueden parecer atractivas. Además de tener la matrícula de la universidad gratis, podéis acceder a la famosa beca MEC o a la de la UIMP. La beca MEC es aquella en la que te buscas un curso en un país de habla inglesa, francesa o alemana que dure un mínimo de tres semanas con quince horas lectivas semanales. Te dan una cantidad de dinero, dependiendo del país al que te vayas (creo que el mínimo está en unos 1700€), y tú te administras los gastos de alojamiento, del curso y del viaje. Os recomiendo que busquéis por vuestra cuenta el alojamiento y el curso, que no acudáis a agencias porque os van a pegar un sablazo va a salir mucho más caro. Por poneros un ejemplo, cuando fui hace dos años a Colonia, lo hice a través de una agencia (novata de mí), y me cobraron unos 1200€ por alojamiento y curso durante tres semanas. He buscado, por curiosidad, la misma academia en la que hice el curso en las mismas fechas y durante el mismo tiempo y ofrecen el mismo curso por 695€. Como me den la beca este año, hasta voy a ganar dinero yéndome de MEC. No lo despilfarréis, guardadlos en vuestros ahorros secretos para posibles futuros gastos traductoriles.

Con respecto a la beca de la UIMP (Universidad Internacional Menéndez Pelayo), se trata de pasar una semana en un curso intensivo de inmersión lingüística en una de las sedes españolas de esta universidad. Tenéis que pagar y el viaje y 100€ de vuestro bolsillo (no os ingresan nada). El MEC paga el alojamiento y gastos del curso. Los profesores son nativos y el curso es de verdad muy intensivo. Son muchísimas horas. No recuerdo bien el horario, pero era algo así como de 9:00 a 18:00 con una hora para comer. Además, tenías que asistir a tres actividades por la tarde de las cinco que se proponían durante la semana. Por si fuera poco, el último día había que tener preparada una exposición sobre algún tema. ¿Cuándo lo preparas? ¿Cuándo socializas con los demás? Me pareció agotador y al final me vine sin haber aprendido nada nuevo. El MEC os pide que le enviéis la acreditación que os dan al terminar para probar que habéis hecho el curso. Y nos quedamos con las manos vacías.

5. Buscar un trabajillo

No, no estoy loca si os digo que se puede estudiar el grado de TeI (sí, con su asistencia obligatoria y todo) y compaginarlo con un trabajo. Antes de que me apedreéis, ya sé que la cosa está mala y todo lo que queráis, pero si buscáis, en los cuatro años que vais a estar como mínimo estudiando TeI, seguro que algo encontráis. No os digo que encontréis el trabajo de traductor de vuestra vida ni algo que esté estrechamente relacionado (que si lo hacéis, mejor por partida doble), pero sí alguna cosa para ganaros un dinerillo. Este dinerillo lo ponéis con vuestros ahorros secretos traductoriles para cursos, ayudas para las becas (que muchas veces no llega con lo que nos dan, sobre todo con la Erasmus) y demás. No me avergüenza decirlo en absoluto (a pesar de que gente de mi clase me ha mirado por encima del hombro): yo estudio y trabajo a la vez. Trabajo de teleoperadora de recepción de llamadas por las tardes intermitentemente (dos meses sí, dos no, cuatro sí, uno no…). Os digo que es algo estresante compaginar ambas cosas y que hay momentos en los que me veo hasta el cuello, pero merece la pena. Al final acabo con un dinerillo ahorrado que me ayuda a completar las becas y a no tener que depender de mis padres y sangrarles para salir, hacer cursos y similares. Es algo que puedo poner en el currículum, tengo experiencia de atención telefónica y me ha ayudado a desarrollar mis dotes comunicativas. Pero lo que más me ha enseñado ha sido a organizarme y a que todo es posible si te sacrificas un poco. Es más, ni siquiera he dejado de salir los fines de semana. Os animo a que si podéis lo intentéis.

6. Empezar con programas de licencia gratuita

Sobre todo si estamos estudiando todavía. Creo que lo mejor es utilizar programas gratuitos para empezar, a pesar de las limitaciones que presentan. Si después queremos un programa con más opciones y facilidades, podemos comprar la licencia de uno de pago, pero siempre probándolo antes (todos los programas suelen tener un periodo de prueba gratuito antes de comprarlo). Tenemos que tener cuidado con lo que compramos, que no hay que verlo como un gasto, sino como una inversión como herramienta de nuestro trabajo.

7. Mantenerse informado

Siempre. Hay que estar alerta a todo lo que se nos presente: congresos, encuentros, seminarios, cursos y similares. Tenemos que ver los programas, comparar precios y asistir si vemos que nos va a aportar algo útil en nuestro camino. ¿Medios para enterarnos? Pues los blogs de traducción, redes sociales (Facebook, Twitter), compañeros de clase, profesores (la mayoría no muerde, se les puede pedir información y si les gusta su trabajo igual se preocupan en hacer una búsqueda específica para informarnos).

8. Mira en tu universidad

Aunque parezca que no, la universidad tiene más cosas aparte de másteres y grados. Suelen ofrecer cursos de especialización a precios reducidos para la comunidad universitaria bastante interesantes: cursos de ELE, de inglés y alemán (biosanitario, periodístico, de negocios), de Trados, etc. Además, te dan un certificado de que has hecho el curso y te dan créditos (aunque a los del grado de TeI no nos sirvan).

9. Ser autodidacta

Esto me lo dijo nada más y nada menos que Xosé Castro. Él ha sido siempre autodidacta y creo que muy mal no le ha ido. Yo pienso igual que él, que siempre podemos ser nosotros nuestros propios maestros. ¿Quién no se ha puesto a aprender (con éxito) alguna lengua o toqueteando con ayuda de un tutorial ha aprendido a utilizar algún programa? Supongo que habrá siempre ciertos límites y que no tendremos ningún «papelito oficial», pero si nuestro propósito es aprender, ¿por qué no intentarlo gratis y por nuestra cuenta?

10. Nunca venirse abajo. 

Tenéis que saber que siempre hay alternativas. No importa que no se oferte ahora mismo el curso de tu vida, que no te hayan aceptado en el máster o que no tengas ni para pipas. Hay muchas alternativas entre las que os he citado (y las que no he dicho, porque tampoco he querido dar nombres concretos de herramientas o cursos). Lo importante es tener una actitud positiva y demostrar siempre lo que valemos. ¡Ánimo, traductores!